“La calidad de vida de una persona con autismo depende del conocimiento que la sociedad tenga de esta”. Theo Peeters.

lunes, 20 de noviembre de 2017

Descubrimiento abre la posibilidad de restablecer conexiones neuronales en personas con autismo


Un trabajo publicado en la revista Nature revela la asociación entre una mutación genética y la hipoactividad cerebral observada en personas con autismo. Algunos hallazgos indican la posibilidad de revertir estas alteraciones con tratamiento farmacológico.

Los trastornos del espectro del autismo (TEA) son alteraciones neuropsiquiátricas con una sintomatología sumamente florida y variada cuya causa se ha relacionado con alteraciones cromosómicas (estructuras compuestas por ADN en todas las células), muchas de ellas sin un mecanismo patogénico bien establecido que permitan explicar las características de la enfermedad.

Un estudio reciente realizado en modelos experimentales (ratas de laboratorio) permitió demostrar el verdadero papel del gen Kctd1, el cual experimenta mutaciones en estos pacientes. La investigación hace asomar la posibilidad de revertir los daños causados por esta mutación genética mediante fármacos probados en el laboratorio.

Mediante técnicas de biología molecular, fue posible manipular el cromosoma 16 de las ratas de laboratorio y eliminar el gen Kctd1, con el objetivo de determinar las alteraciones que se producían en el sistema nervioso de los animales, simulando la situación encontrada en los humanos con autismo.

Los científicos pudieron evidenciar una disminución evidente de la cantidad de sinapsis neuronales en las regiones cerebrales evaluadas, uno de los hallazgos conocidos en personas con autismo.

Las sinapsis neuronales comprenden un conjunto de mecanismos mediante los cuales las neuronas pueden comunicarse entre ellas y con otros tejidos excitables. Esto lo hacen de diferentes formas, entre ellas la sinapsis química, que requiere la liberación de sustancias llamadas neurotransmisores, que son ampliamente conocidas.

No es de extrañar que las personas con trastornos del espectro del autismo caracterizadas por disminución de la capacidad de establecer relaciones sociales adecuadas, prestar atención o mantener un lenguaje fluido, presenten disminución de la cantidad de sinapsis en algunas regiones del sistema nervioso.

A pesar de todo, el descubrimiento por sí solo no aporta demasiada información, ya que pueden existir infinidad de mecanismos que expliquen la disminución de las sinapsis neuronales, Por suerte, uno de estos mecanismos también fue descubierto en el estudio.

Los científicos decidieron indagar un poco más en los hallazgos hasta determinar una asociación sumamente importante: la eliminación del gen en estudio se relacionaba con un aumento en la expresión de una proteína llamada RhoA, cuya participación en el autismo se desconocía hasta el momento.

Esta molécula se relaciona generalmente con procesos como la transcripción genética y el control del ciclo celular, sin embargo, la asociación con la eliminación de uno de los genes involucrados en el autismo llamó la atención de los investigadores.

Entonces decidieron probar un conjunto de fármacos que inhiben la expresión de RhoA, con el objetivo de evaluar nuevamente la función neuronal y determinar si existen cambios relevantes. Esto fue posible con sustancias especiales llamadas Rhosin y Exoenzima C3.

Los hallazgos de esta parte del experimento son los que dan relevancia al estudio, ya que la hipoactividad neuronal provocada en los animales de laboratorio fue revertida en cuestión de pocas horas.

Esto, sin duda, aporta datos valiosos que permiten conocer mejor los TEA  y abre la posibilidad de restablecer la función cerebral anómala en personas con autismo.

Sin embargo, como sucede con la mayoría de los descubrimientos importantes, este estudio da pie a numerosas dudas que quedan sin responder.

“Este es un paso importante, pero todavía falta un largo camino por recorrer” refirió el Dr. Powell, investigador en neurociencias y participante en el proyecto, al hablar sobre el descubrimiento en los medios de comunicación.

Si bien los resultados del estudio son bastante alentadores, hay que considerar que el autismo, al igual que muchos otros trastornos complejos, consta de una serie de alteraciones que, engranadas unas con otras, permiten el desarrollo de la alteración. Es decir, es una entidad multicausal.

Las causas genéticas involucran a varios genes diferentes al Kctd1, sin contar con los factores ambientales y teratogénicos (relacionado a alteraciones del desarrollo fetal por agresiones durante el embarazo) que se consideran como causas del autismo.

A esto se une el hecho de que las personas con TEA suelen tener varios años de vida al momento del diagnóstico, con lo cual es probable que algunos cambios neuronales sean irreversibles.

Sin embargo, este descubrimiento deja las puertas abiertas a la posible experimentación con humanos de los fármacos inhibidores de la proteína RhoA, que quizá permitan mejorar las características clínicas de los TEA.

Revista Nature

Enlace original





lunes, 13 de noviembre de 2017

Suplementos de omega 3 en niños con autismo.


Los ácidos grasos poliinsaturados (PUFA) han sido un tema de interés para muchas enfermedades psiquiátricas. La acumulación de evidencia sugiere que la deficiencia de PUFA puede estar relacionada con algunos trastornos del neurodesarrollo, como esquizofrenia, trastorno por déficit de atención/hiperactividad (TDAH), trastorno bipolar y Trastornos del Espectro del Autismo (TEA). Los PUFA desempeñan un papel importante en el funcionamiento cerebral debido a su acción antiinflamatoria y su capacidad para mantener la función apropiada de la membrana de la célula cerebral y la vaina de mielina. Dado que los PUFA no pueden ser producidos por el cuerpo humano, algunos estudios han sugerido que los cambios en las conductas alimentarias que causan un desequilibrio en el consumo PUFA pueden proporcionar una explicación del aumento en la prevalencia de los TEA. Los ácidos grasos omega 3 y omega 6 son dos de los PUFA más conocidos. Mientras que el primero proviene predominantemente de los mariscos, las fuentes de estos últimos son los aceites animales o vegetales. Algunos estudios informaron que la proporción óptima de consumo de omega 6 a omega 3 debería ser de 1: 1 a 4: 1. Sin embargo, los cambios recientes en los hábitos alimenticios pueden causar un aumento en la ingesta de ácidos grasos omega 6 que puede predisponer a algunas personas con vulnerabilidad genética a ciertas enfermedades psiquiátricas. Por lo tanto, muchos ensayos clínicos han comenzado a investigar el potencial terapéutico de la suplementación de ácidos grasos omega 3 en el tratamiento de pacientes con enfermedades psiquiátricas.

Este metaanálisis preliminar sugiere que la administración de suplementos de ácidos grasos omega 3 es bien tolerada y puede producir un efecto pequeño pero positivo sobre la reducción de la hiperactividad en pacientes con TEA. Sin embargo, en ausencia de una mejora significativa en la puntuación del Clinical Global Impression – Improvement (CGI-I) y un tamaño de muestra relativamente pequeño, todavía no se puede establecer una conclusión confiable sobre los efectos potenciales de la suplementación de ácidos grasos omega 3 en pacientes con TEA. El hallazgo de que la suplementación de ácidos grasos omega 3 mejora el letargo y la estereotipia también es preliminar y necesita más investigaciones. Sin embargo, dado los relativamente pocos efectos secundarios en comparación con los de otros medicamentos, se alienta a los ensayos adicionales a continuar explorando el beneficio potencial de la suplementación de ácidos grasos omega 3 en pacientes con TEA y también a incluir una gama más amplia de participantes como aquellos con autismo de funcionamiento más bajo y los grupos de edad avanzada.

Para leer más:
https://www.dovepress.com/supplementation-of-omega-3-fatty-acids-may-improve-hyperactivity-letha-peer-reviewed-article-NDT

lunes, 6 de noviembre de 2017

La investigación epigenética puede contener pistas sobre la biología del autismo



Utilizando datos de sangre y tejido cerebral, un equipo dirigido por investigadores de la Escuela de Salud Pública Bloomberg de la Universidad Johns Hopkins, en Estados Unidos, descubrió que se podría obtener información sobre los mecanismos para explicar el autismo al analizar la interacción entre genes y etiquetas químicas que controlan si se usan los genes para hacer una proteína, llamadas marcas epigenéticas.

Los hallazgos, que se detalla en un artículo publicado este martes en 'Nature Communications', podrían en última instancia ayudar a llevar a nuevas formas de tratar y prevenir el trastorno. Los científicos han sabido durante mucho tiempo que las modificaciones químicas, una colección de "marcas" en el ADN conocidas como el epigenoma, juegan un papel clave en el funcionamiento de las células guiando las diferencias entre los distintos tipos de tejidos en el cuerpo de un individuo dado, a pesar de que todos llevan el mismo código genético.

La razón por la cual una célula cerebral es diferente de una célula cardiaca se debe al epigenoma, que afecta a qué partes del ADN de una célula se leen", dice la doctora M. Daniele Fallin, directora del Departamento de Salud Mental de la Facultad Bloomberg y directora del Centro Wendy Klag de la Escuela para el Autismo y las Discapacidades del Desarrollo. "Es como una enciclopedia con un montón de pestañas. Las células no necesitan leer toda la enciclopedia, sino saltar a las pestañas que necesitan para hacer las cosas", pone como ejemplo.

El trabajo actual muestra que los cambios en el código genético de un gen particular pueden controlar las marcas epigenéticas en diferentes genes, lo que implica que el código genético de un gen puede afectar si otros genes se activan o desactivan, lo que hace que sea importante comprender la función de todos los genes involucrado, no solo el que tiene el llamado error ortográfico.

"Nuestros hallazgos sugieren que mirar solo los genes con errores ortográficos vinculados con el autismo podría ser un enfoque demasiado limitado --dice Fallin--. En lugar de mirar únicamente los genes directamente implicados en el autismo a través de sus cambios en el código genético, realmente deberíamos estudiar también las funciones de los otros genes implicados por estos cambios en el código genético a través de conexiones epigenéticas".

El trastorno del espectro del autismo (TEA) es una afección del neurodesarrollo caracterizada por déficits en la socialización, la comunicación verbal y no verbal y las conductas repetitivas. Desde la década de 1960, las tasas de prevalencia se han disparado, con uno de cada 68 niños estadounidenses diagnosticados con TEA, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades estadounidenses.

Aunque unas pocas variantes genéticas raras pueden explicar una parte de los casos de TEA, Fallin y otros investigadores sospecharon que el epigenoma podría añadir significativamente más datos para comprender esta enfermedad. Sin embargo, los investigadores han sido escépticos con respecto a los estudios epigenéticos basados en la sangre por una razón principal: aunque el genoma es el mismo en cualquier célula del mismo individuo, el epigenoma necesariamente cambia de tejido a tejido. Y aunque el tejido cerebral --el tejido más afectado por el TEA-- podría producir los datos epigenéticos más útiles, no puede ser muestreado en individuos vivos, por lo que los hallazgos muestran la promesa de recoger datos epigenéticos en sangre.

Para investigar esta cuestión, Fallin y sus colegas comenzaron por examinar cuatro tipos de tejidos diferentes: sangre y cordón umbilical de sus propias colecciones, así como tejido cerebral pulmonar y fetal de colecciones públicas, para encontrar pequeñas variaciones en el código genético de cada muestra que parece ser responsable del estado de metilación del ADN, un tipo de modificación epigenética, en ese tejido en particular.

Los investigadores examinaron millones de estas variaciones del código genético, conocidas como polimorfismos de un solo nucleótido (SNP, por sus siglas en inglés) y encontraron miles que controlan la metilación del ADN en algunos o en todos los tipos de tejidos. Luego, compararon estos SNP con los que ya se sabe que están asociados con el autismo y vieron que más genes asociados con el autismo actúan para controlar la metilación del ADN de lo que se esperaría por casualidad. Esto fue cierto tanto en el tejido cerebral sanguíneo como en el fetal.

Cuando los investigadores analizaron el papel de los genes que estaban metilados por genes con diferencias de código relacionadas con TEA, incluidos genes adicionales más allá de aquellos con cambios directos de código, descubrieron que la mayoría participaban en vías biológicas que eran importantes en la función inmune.

El hallazgo no sorprendió, explica Fallin: numerosos estudios han identificado la expresión genética anormal de genes inmunes en muestras de autismo y las experiencias ambientales, como la infección prenatal o la exposición prenatal a contaminantes que pueden aumentar la respuesta inmune, son factores de riesgo para TEA. Sin embargo, ninguna de las mutaciones del código genético identificadas directamente en el autismo había apuntado a estas vías. Sólo al considerar qué otros genes pueden regular se revela esta biología.

A su juicio, hacen falta más estudios sobre estas vías biológicas para llevar a genes específicos o proteínas que podrían ser modificables con productos farmacéuticos u otras intervenciones, que posiblemente ofrezcan nuevas formas de prevenir o tratar el TEA. "Hicimos nuestros hallazgos comparando datos cerebrales con datos sanguíneos --describe--, pero la gran mayoría podríamos haber aprendido de la sangre".




lunes, 16 de octubre de 2017

Los suplementos multivitamínicos en el embarazo parecen reducir el riesgo de autismo del bebé


Los trastornos del espectro del autismo (TEA), caso entre otros del autismo y del síndrome de Asperger o el síndrome de Rett, son un conjunto de trastornos del neurodesarrollo que aparecen en la infancia y se caracterizan, entre otros síntomas y signos, por un déficit en la comunicación, dificultades para la correcta integración social, una dependencia exagerada de las rutinas, y una gran intolerancia ante los cambios o a la frustración. Unos trastornos cuya prevalencia se estima en un caso por cada 100 nacimientos y que, mucho más frecuentes en los varones –la proporción de casos es de 4 a 1 frente a las mujeres–, se desarrollan, según numerosos estudios, ya durante la gestación en el útero materno. Tal es así que la dieta de la madre durante el embarazo pueda tener alguna influencia sobre su aparición. Pero, ¿esto es realmente así? Pues según un estudio dirigido por investigadores de la Universidad Drexel en Filadelfia (EE.UU.), es muy posible que sí. Y es que, según sus resultados, la toma de multivitaminas durante la gestación se asocia con un menor riesgo de que el futuro bebé acabe desarrollando autismo.

Como explica Elizabeth DeVilbiss, directora de esta investigación publicada en la revista «The BMJ», «dada el conocimiento actual y la fuerza de la evidencia que apoya la importancia de la suplementación nutricional durante el embarazo, es imposible imaginar que nuestros resultados puedan, por sí solos, cambiar la práctica actual. Sin embargo, nuestros hallazgos plantean cuestiones que requieren ser investigadas. Y, asimismo, deben realizarse estudios aleatorizados con objeto de verificar nuestros resultados antes de recomendar un cambio en la práctica actual».

Hace ya tiempo que numerosos investigadores vienen planteando la posibilidad de que la alimentación durante el embarazo juegue un papel importante en el riesgo de desarrollo de un TEA por el futuro bebé. Sin embargo, los estudios realizados al respecto han arrojado unos resultados inconsistentes, sugiriendo que debe haber otros factores aún por determinar –caso de la salud general y el estilo de vida de la gestante– que podrían condicionar –de haberla– la posible influencia de la alimentación.

Entonces, la alimentación en el embarazo, y más concretamente la toma de suplementos nutricionales, ¿no tiene ningún efecto sobre el riesgo de autismo? Pues para averiguarlo, los autores aplicaron tres métodos de análisis distintos sobre una muestra de 273.107 parejas de madres e hijos residentes en Estocolmo (Suecia).


Los autores evaluaron los historiales médicos de los hijos –todos nacidos entre los años 1996 y 2007 y con una edad comprendida entre los 4 y los 15 años a fecha de 31 de diciembre de 2011– con objeto de identificar a aquellos diagnosticados de un TEA, con o sin discapacidad intelectual. Y, asimismo, analizaron las respuestas aportadas por las madres en los cuestionarios sobre sus hábitos nutricionales –fijándose muy especialmente en la toma de suplementos con multivitaminas, hierro o ácido fólico– durante la gestación.

Los resultados mostraron que la toma en el embarazo de suplementos con multivitaminas, con o sin hierro o ácido fólico, se asoció con una menor probabilidad de que el hijo desarrollara un TEA con discapacidad intelectual. Un beneficio, sin embargo, que no se observó en el caso del hierro o del ácido fólico, que parecieron no tener ningún efecto, ni positivo ni negativo, sobre el riesgo de desarrollo del trastorno.

Y, exactamente, ¿cuál es la razón por la que toma de estos suplementos multivitamínicos disminuyen el riesgo de TEA? Pues dado que se trata de un estudio observacional, no puede saberse. Como reconocen los propios autores, «nuestros resultados no pueden establecer una relación del tipo ‘causa y efecto’, pero plantean cuestiones acerca de una posible asociación que requiere mayor investigación».

Como concluye Elizabeth DeVilbiss, «juntos, los tres análisis llevados a cabo en nuestro trabajo parecen apuntar hacia una asociación inversa entre el uso de multivitaminas y los TEA con discapacidad intelectual».




miércoles, 27 de septiembre de 2017

Los factores genéticos pueden explicar la mayor parte del riesgo de trastorno del espectro del autismo


Un análisis de datos de un estudio previo sobre el riesgo familiar de trastorno del espectro del autismo (TEA) estima que la heredabilidad es del 83 por ciento, lo que sugiere que los factores genéticos pueden explicar la mayor parte del riesgo de TEA, según un estudio publicado por 'JAMA’.

En un estudio previo, se estimó que la heredabilidad del TEA era del 50 por ciento. Para definir la presencia o ausencia de TEA, el trabajo utilizó un conjunto de datos creado para tener en cuenta los efectos del tiempo hasta el evento en los datos, lo que puede haber reducido las estimaciones de heredabilidad.

Usando los mismos datos subyacentes de ese análisis, Sven Sandin, de la Escuela de Medicina Icahn en Mount Sinai, Nueva York, Estados Unidos, y colegas utilizaron un método alternativo (empleado por estudios previos en el campo) para calcular la heredabilidad de TEA.

El estudio incluyó a un grupo de niños nacidos en Suecia de 1982 a 2006, con seguimiento para determinar la presencia de TEA hasta diciembre de 2009. El análisis incluyó 37.570 pares de gemelos, 2.642.064 pares de hermanos completos y 432.281 pares maternos y 445.531 pares de hermanos paternos. De ello, 14.516 niños fueron diagnosticados con TEA.

Se probaron varios modelos y usando el modelo que mejor se ajustó, se estimó la heredabilidad de TEA como del 83 por ciento y la influencia ambiental no compartida como del 17 por ciento.

"Esta estimación (83 por ciento) es ligeramente inferior a la estimación de aproximadamente 90 por ciento reportada en estudios de gemelos anteriores y más alta que la estimación del 38 por ciento detectada en un estudio de gemelos de California, pero se estableció con mayor precisión. Como análisis anteriores de gemelos, compartir factores ambientes contribuye mínimamente al riesgo de TEA", escriben los autores.

Los científicos señalan que los métodos sobre gemelos y familiares para calcular la heredabilidad requieren varios supuestos, a menudo poco comprobables. Debido a que el TEA es raro, las estimaciones de heredabilidad se basan en pocas familias con más de un niño afectado y, junto con las tendencias temporales en la prevalencia de TEA, las estimaciones de heredabilidad son sensibles a la elección de los métodos.

"El método inicialmente elegido en el estudio anterior condujo a una estimación más baja de la heredabilidad del TEA. La estimación actual, utilizando los métodos tradicionales para definir la discordancia de TEA y la concordancia, capta con mayor precisión el papel de los factores genéticos en TEA. Sin embargo, en ambos análisis, la heredabilidad de TEA fue alta y el riesgo aumentó con el incremento de la relación genética", escriben los investigadores.




jueves, 14 de septiembre de 2017

Relacionan una infección intestinal durante el embarazo con el riesgo de autismo en el feto


Cada vez son más los estudios que alertan sobre el desarrollo en el feto de enfermedades del espectro del autismo durante la gestación. En las últimas décadas, la comunidad científica ha demostrado que distintos factores, como el uso de paracetamol en este periodo o el retraso de la maternidad, afectan al desarrollo cerebral y causan este tipo de trastornos en el futuro hijo.

A fin de conocer más a fondo cómo se producen estos procesos, un equipo de científicos del renombrado Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) de EEUU y de la universidad de dicha ciudad ha centrado su investigación en una proteína llamada Interleucina 17a (IL-17a). Sin ser el único motivo que causa esta dolencia, en ella está la clave de una reacción inmune que va a alterar el desarrollo normal del bebé, que presentará una serie de síntomas comunes en el autismo.

Según los investigadores, la presencia de ciertas bacterias intestinales activa un mecanismo inflamatorio de defensa materno (llamado MIA) que incita a unas células del sistema inmune (los linfocitos T colaboradores) a producir la proteína Interleucina 17a. Esta proteína va a activar determinadas neuronas de la corteza cerebral que son las responsables de un comportamiento social atípico y de conductas repetitivas, dos características que se dan en personas con autismo.

El trabajo se ha desarrollado en ratones reproduciendo tanto la infección como la cadena de efectos inmunológicos de forma análoga a como se produciría en humanos. Los resultados, publicados este miércoles en dos artículos de la revista Nature, incluyen además un esquema detallado de las regiones cerebrales en las que se produce este fenómeno.

Para ello han precisado de técnicas de optogenética, una novedosa metodología que modifica el ADN de las células para que reaccionen a estímulos de luz. Como si de un interruptor se tratase, los distintos pulsos lumínicos han permitido encender y apagar los genes de las neuronas que se localizan en las áreas del cerebro estudiadas.

Allí han visto que la respuesta inmune, en la que está involucrada la IL-17a, provoca la activación de una región cerebral que en ratones se llama Zona Somatosensorial 1 Disgranular (S1DZ, por sus siglas en inglés). Dicha activación va a ser la responsable del comportamiento social atípico y de las conductas repetitivas. Además, el estudio describe cómo el comportamiento social atípico está controlado también por otra región del córtex cerebral llamada Área de Asociación Temporal (TeA).

Por último, el grupo de científicos ha comprobado que el tipo de bacterias responsables de esta afección producida durante la gestación tienen una forma filamentosa y segmentada y que su control mediante el suministro de un antibiótico evita los síntomas del espectro del autismo descritos en la investigación.




lunes, 14 de agosto de 2017

La musicoterapia y los síntomas de los niños con autismo


El tratamiento con musicoterapia no mejora los síntomas de los niños con autismo, según ha puesto de manifiesto un estudio llevado a cabo por científicos del Centro de Investigación de Musicoterapia de la Academia Grieg en Bergen (Noruega) y que ha sido publicado en ‘JAMA’.

La musicoterapia busca explotar el potencial de la música como medio de comunicación social ya que estas personas tienen importantes problemas a la hora de comunicarse. En la terapia de música improvisada, el paciente y el terapeuta improvisan música cantando, jugando y moviéndose con el fin de facilitar el desarrollo de las habilidades comunicativas sociales del niño.

No obstante, en el estudio se ha demostrado que no aporta tantos beneficios que aporta a los niños con autismo. Para alcanzar esta conclusión, los expertos asignaron al azar a niños de 4 a 7 años con autismo en dos grupos: uno con musicoterapia y otro sin este tratamiento. El objetivo en ambos casos era mejorar la atención y comunicación del menor.

Los investigadores descubrieron que durante cinco meses, la diferencia de mejoría en ambos grupos era pequeña y que, incluso, no se detectaron diferencias significativas en la gravedad de los síntomas de la TEA. “Estos hallazgos no apoyan el uso de terapia de música improvisada para la reducción de síntomas en niños con trastorno del espectro del autismo”, han zanjado los investigadores.

Revista JAMA
http://jamanetwork.com/journals/jama/article-abstract/2647867

Enlace original 
http://www.psiquiatria.com/trastornos_infantiles/el-tratamiento-con-musicoterapia-no-mejora-los-sintomas-de-los-ninos-con-autismo/