“La calidad de vida de una persona con autismo depende del conocimiento que la sociedad tenga de esta”. Theo Peeters.

martes, 28 de febrero de 2017

Abuelos y Autismo


Con el aumento de la prevalencia de los Trastorno del Espectro del Autismo (TEA), ha aumentado la probabilidad de encontrar abuelos que atienda a niños/as con TEA. Aunque investigaciones previas se han centrado en el impacto de los abuelos sobre los padres adultos de niños con TEA, se ha investigado poco sobre la experiencia de los propios abuelos. Por este motivo he seleccionado esta investigación.

El objetivo principal de este estudio fue rellenar un vacío en la literatura sobre la experiencia única de los abuelos de nietos con TEA, desde su perspectiva en primera persona. De acuerdo con la teoría de la resiliencia, es esencial examinar las adaptaciones de los abuelos (por ejemplo, la medida en que contribuyen a las necesidades generales, especiales e instrumentales de su nieto con TEA y las elecciones de vida que realizan para apoyar a su nieto/a), así como las percepciones de conflicto familiar y preocupación. Este conocimiento puede ayudar a guiar el desarrollo de intervenciones más efectivas para los miembros de una familia con un miembro con TEA.

Se pidió a los participantes que completaran anónimamente una encuesta on-line diseñada para ser completada en aproximadamente 30 minutos. Los participantes fueron reclutados a través de los boletines informativos del Kennedy Krieger Institute's Interactive Autism Network's (IAN), del Autism Speaks Foundation, the Grandparent Autism Network, y de la American Association of Retired People (AARP). Los criterios para la inclusión requerían que los participantes vivieran en los Estados Unidos y sus territorios y que tuvieran al menos un nieto con TEA. El nieto podía ser biológico, adoptivo o hijastro del hijo biológico o adoptivo, hijastro, hija o hijastra del entrevistado.

Un total de 1881 participantes completaron la encuesta on-line, de los cuales fueron 1534 abuelas (81,6%) y 347 abuelos (18,4%), que también identificaron como abuelos maternos (63,4%) y paternos (35,6%). En cuanto al estado de los abuelos, más de la mitad de los encuestados eran abuelas maternas (52,3%), seguidas de abuelas paternas (29,2%), abuelos maternos (11,9%) y abuelos paternos (6,5%).

Los resultados indicaron que los abuelos hicieron apoyos significativos y en las necesidades generales, especiales (por ejemplo, Análisis de Conducta) y necesidades instrumentales (por ejemplo, cuidado de niños y transporte). Casi la mitad de los abuelos informó haber hecho sacrificios personales para ayudar a mantener a su nieto con TEA incluyendo el retraso de su propia jubilación, convirtiéndose en el cuidador principal de su nieto y combinando hogares. Los abuelos maternos eran más propensos a proporcionar atención instrumental y hacer sacrificios personales que los abuelos paternos, mientras que los abuelos eran más propensos a proporcionar apoyo financiero para las necesidades especiales de su nieto que las abuelas. De acuerdo con la teoría de la resiliencia, la mayoría de los abuelos informaron que estaban afrontando bien o muy bien lo relacionado con el TEA de su nieto, a pesar de expresar una preocupación significativa por su hijo adulto o su hija criando a su nieto. Los abuelos también informaron, en promedio, que experimentaban un pequeño conflicto familiar en relación con el TEA de su nieto. Sin embargo, aproximadamente el 10% de los abuelos informaron que no estaban afrontando bien el TEA de su nieto.

Los abuelos de nietos con TEA aparecen, en promedio, ser resilentes y hacer adaptaciones significativas en nombre de su familia. Abordar las necesidades y la experiencia de esos abuelos probablemente beneficiaría a todos los miembros de la familia.

Para leer más:
  • Hillman J, Marvin AR, Anderson CM (2016) The Experience, Contributions, and Resilience of Grandparents of Children With Autism Spectrum Disorder. Journal Of Intergenerational Relationships Vol. 14, Iss. 2.



lunes, 27 de febrero de 2017

Autismo y ansiedad.


La ansiedad es una respuesta anticipatoria involuntaria del organismo frente a estímulos externos o internos, como pensamientos, ideas, etc , percibidos por la persona como amenazantes y/o peligrosos, y se acompaña de un sentimiento desagradable o de síntomas somáticos de tensión. Se trata pues de una señal de alerta que advierte sobre un peligro inminente y permite a la persona que adopte las medidas necesarias para enfrentarse a una amenaza. 

La ansiedad es una de las comorbilidades psiquiátricas más frecuente en el autismo y se da con mayor intensidad en la adolescencia. Son buenos predictores de una alta ansiedad: la edad, los problemas sociales, el funcionamiento cognitivo y la intolerancia a la incertidumbre.

Preocupa mucho por su alta prevalencia en las personas con autismo y el impacto negativo sobre el bienestar físico y psicológico, y la interacción con los déficits centrales del autismo. Además de ser desencadenante de conductas desafiantes de alta intensidad.

Las personas con autismo pueden presentar altos nivel de ansiedad con bastante frecuencia. Se ha dicho que las conductas de las personas con autismo reflejan una intensa ansiedad desde su infancia. Pero esta idea no es consistente en otros motivos porque no todas las personas con autismo presentan altos niveles de ansiedad.

La ansiedad puede surgir en situaciones que no se pueden comprender y que las hace confusas y angustiosas (volar, ir al dentista, ir a la peluquería, …). Es bastante normal que los niños desarrollen miedos específicos a cosas inofensivas, e incluso a un determinado color o forma. Estos miedos pueden durar años y crear dificultades a toda la familia, especialmente si son objetos cotidianos normales o acontecimientos que difícilmente se pueden evitar. Pero, por otro lado, es frecuente que los individuos con autismo no comprendan los peligros reales y estén tranquilos cuando otros estarían angustiados.

Las pruebas psicofisiológicas indican que las personas con autismo no tienen una activación alta de carácter crónico, pero hay que tener en cuenta que el nivel de activación puede ser el resultado del esfuerzo de procesamiento, más que una causa del estilo con que se procesa la información. Esto no indica que sea específico del Autismo, puesto que hay alteraciones muy similares que son típicas de muchos trastornos psiquiátricos.

La evaluación y el tratamiento de la ansiedad, se basan en la observación del comportamiento y los auto-informes actual y la terapia más frecuente es la cognitivo conductual, pero para ayudar a personas con autismo a manejar su ansiedad debemos aceptar como premisa que sólo la podemos reducir.

La Asociación Autism Speaks público en 2015 una lista de consejos, para ayudar a las familias a afrontar la ansiedad en el autismo:
1. Conseguir la ayuda de un profesional
2. Enfocar la situación que produce ansiedad de una manera lúdica
3. Ayuda a reconocer las emociones
4. Desarrollar una frase tranquilizadora, o "mantra"
5. Repetir el escenario de simulación con el nuevo mantra.
6. Construir una experiencia de manera lenta, segura y gradual
7. Salir al mundo real

Para leer más:
Paula, I (2015). La ansiedad en el Autismo: Comprenderla y tratarla. Alianza Editorial.




jueves, 23 de febrero de 2017

Contraer herpes genital en el embarazo aumenta probabilidad de autismo


Las mujeres que contraen herpes genital en los primeros meses de embazo tienen el doble de posibilidades de parir un hijo con autismo, informó este miércoles un equipo de investigadores noruegos y estadounidenses.

El informe, publicado en la revista mSphere, es el primero en demostrar que la respuesta inmunitaria de una mujer puede tener efectos nocivos en el cerebro del feto en desarrollo e influir en la probabilidad de que el niño o niña tenga autismo.

"Creemos que la respuesta inmunitaria de la madre al virus del herpes HSV-2 podría afectar el desarrollo del sistema nervioso central del feto, acrecentando el riesgo de autismo", explicó Milada Mahic, una científica del Centro de Infección e Inmunidad de la Universidad de Columbia en Nueva York, principal autora de este estudio.

Los investigadores no estiman que el riesgo de autismo en los niños esté directamente vinculado a la infección del feto, porque en ese caso podría ser fatal.

Consideran sin embargo que el riesgo está vinculado a una reacción del organismo de la madre o a una re-activación de la infección del herpes, sumado a una inflamación cerca del útero.




lunes, 20 de febrero de 2017

Método Teacch y Enseñanza Estructurada



El programa Teacch se establece a mediados de la década de 1960 y reconoce al autismo como un trastorno del desarrollo que implica diferencias neurológicas, con respecto a la forma en que los niños de desarrollo típico procesan el entorno.

La enseñanza estructurada es un sistema para organizar el aula y hacer que los procesos y estilos de enseñanza estén orientados al autismo. Las expectativas se concretan y se califican para las personas con autismo. Se trata de un sistema de programas educativos estructurados que tienen en cuenta las habilidades, las dificultades y los intereses de las personas con autismo. Existen cuatro componentes de la enseñanza estructurada que se incorporan a cualquier programa educativo: estructuración física, horarios, sistemas de trabajo e información visuales.

Estructuración física.
La estructuración física y la organización espacial hacen que el aula sea interesante, clara y accesible para los alumnos con autismo. Contribuye a la sensación de que el mundo está limpio y en orden, y que las personas con autismo pueden controlarlo.

A la hora de planificar la disposición física del aula, es necesario tener en cuenta las necesidades individuales. Resulta útil que tengan un lugar tranquilo al que puedan ir de vez en cuando, si el ruido, los estímulos visuales y los olores del aula se vuelven insoportables para ellos. Las edades de los alumnos también influyen a la hora de planificar la estructuración física. Los alumnos de menor edad necesitarán áreas para jugar mayores que los alumnos de mayor edad. Los alumnos con autismo suelen tener mejores resultados si se sientan cerca del profesor, o mirando hacia él, es importante diferenciar los lugares de trabajo de los lugares de tiempo libre y donde tienen que sentarse o permanecer de pie cuando no estén en sus pupitres evitará conductas inadecuadas. Por último, tener una zona tranquila es útil para ayudarles a tranquilizarse cuando empiezan a sentirse nerviosos.

Debe definir la organización básica del aula y minimizar las distracciones auditivas y visuales. Los alumnos con autismo necesitan aulas divididas en zonas, unos límites claramente marcados y unos materiales que estén fácilmente a su alcance. La estructuración física del aula puede ser una variable que condicione extraordinariamente el éxito o el fracaso de un alumno con autismo.

Una vez definida la estructuración física hay que comenzar por establecer rutinas básicas y asociar actividades con determinados lugares.
  
Horarios visuales.
Los alumnos con autismo necesitan predictibilidad y claridad, con ello presentan una conducta más tranquila y colaboradora porque los alumnos comprenden exactamente lo que supone que tienen que hacer. Los horarios indican a los alumnos que actividades tendrán lugar durante el día, y en qué orden. Además de añadir predictibilidad y claridad a sus vidas, los horarios ofrecen la oportunidad a los alumnos con autismo de moverse con autonomía.

Comprobar sus horarios con regularidad puede facilitar las transiciones. Los horarios permiten ir de una actividad a otra con autonomía, pero hay que tener en cuenta, el nivel y la longitud. Es importante que la persona con autismo participe en el uso del horario y que exista un método rutinario para utilizarlo.

Los formatos para los horarios, pueden ser escritos en forma de calendarios y agendas, pero para los alumnos con autismo que tienen dificultades para comprender la palabra escrita, el horario puede costar de imágenes o dibujos que representen las actividades.

La ubicación es una consideración importante, el educador puede llevar el horario o puede estar disponible en una mesa o en una pared.

Sistemas de trabajo
El sistema de trabajo ayuda a organizar cada actividad específica en la que están involucradas las personas con autismo. Les permite aprender a trabajar sin ayuda o supervisión directa de un adulto y que sean capaces de generalizar sus habilidades en otros entornos.

El sistema de trabajo se organiza con sencillez, de izquierda a derecha y comunican cuatro tipos que información a los alumnos: que trabajo tienen que hacer, cuando trabajo de les queda, cuando han terminado y que sucederá una vez finalizado el trabajo.

Los sistemas de trabajo deberán ser diferentes según el alumno con autismo que los utilice.

Información visual
Debería estar organizada y estructurada visualmente para reducir al mínimo la ansiedad, al dar la mayor importancia a la claridad, a la comprensión y a los intereses. Proporciona información sobre cómo completar una tarea y como utilizar los materiales necesarios. Es de gran utilidad a la hora de mejorar la comprensión y de ayudar a los alumnos a llevar a cabo las actividades.

Hay tres componentes de las actividades que resultan especialmente vitales para conseguir resultados positivos: claridad visual, organización visual e instrucciones visuales.
  • Clarificar los componentes importantes en una tarea y las expectativas esenciales para los alumnos con autismo pueden mejorar enormemente su capacidad para completar de forma satisfactoria esas tareas, con la mínima ansiedad.
  • La organización visual implica la distribución y la estabilidad de los materiales que los alumnos utilizan para completar las tareas.
  • Las instrucciones visuales explican, a su nivel de comprensión, exactamente lo que hace falta para realizar la tarea.

Para leer más:
Mesibov, G (2010 Oct). El acceso al currículo por alumnos con Trastornos del Espectro del Autismo: Uso del Programa TEACCH para favorecer la inclusión. Autismo Avila.

miércoles, 15 de febrero de 2017

Avance hacia el diagnóstico precoz del autismo


La capa que recubre el cerebro humano, llamada corteza, está estructurada en una especie de pliegues. Investigadores norteamericanos los han estudiado en bebés con alto riesgo de padecer autismo y han revelado que, durante el primer año de vida, la superficie de algunos de esos pliegues crece por encima de lo normal en los casos en que el diagnóstico acaba siendo positivo.

El hallazgo, publicado en la revista Nature, ayuda a entender por qué, a diferencia de lo que pasa en la mayoría de trastornos del desarrollo neurológico, el cerebro de los niños con trastornos del espectro del autismo (TEA) suele tener un tamaño más grande de lo habitual a partir del primer año de vida.

Según los autores del trabajo, el aumento de la superficie de los pliegues, detectado con imágenes de resonancia magnética entre los seis meses y el año, es el paso previo al incremento del volumen global del cerebro, observado entre el primer y el segundo año.

A su vez, el aumento global del volumen coincide en el tiempo con la detección de déficits sociales en el comportamiento relacionados con el autismo, según los resultados de la investigación.

El trabajo se centró solo en bebés con alto riesgo de padecer autismo, en concreto en los que tienen hermanos con TEA: se calcula que su probabilidad de tener un trastorno del espectro del autismo es de entre un 15 y un 20%, unas diez veces superior a la de la población general.

La investigación es por ello un avance hacia el diagnóstico precoz del autismo en los bebés de alto riesgo. Detectar el aumento de la superficie de esas áreas del cerebro durante el primer año de vida podría permitir identificar antes a los niños con TEA. Y, como las conexiones del cerebro de los más pequeños están en construcción en esos primeros meses u años, diagnosticar y actuar antes puede mejorar su desarrollo.

“Si podemos identificar estos niños antes de que presenten síntomas podemos empezar a intervenir más temprano, antes de que las diferencias en el cerebro y el comportamiento tengan la oportunidad de consolidarse”, explica a Big Vang la primera autora de la investigación, la doctora Heather Cody Hazllett, de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill.

“Todavía tenemos poca evidencia de los resultados de una intervención tan temprana, pero sí sabemos que en general actuar precozmente mejora la evolución”. Lo afirma la doctora Amaia Hervás, responsable de la Unidad de Psiquiatría Infantil y Juvenil del Hospital Universitari Mútua de Terrassa.

Hervás, experta en TEA y que no ha participado en el estudio, detalla que, en caso de que se pudiera llegar a predecir durante el primer año de vida si bebés en alto riesgo padecerán un trastorno del espectro del autismo, intervenir significaría “enseñar a los padres a jugar con los niños mejorando el contacto ocular, motivándolos para el contacto social, estimulando sus sentidos, promoviendo que se desarrollen las conexiones cerebrales que, por sus características, estos niños no tenderán a desarrollar”.

Pero harán falta, subraya Hazlett, más estudios con un número mayor de bebés para sacar conclusiones firmes sobre la posibilidad de llegar a ese diagnóstico precoz.

En este sentido, la investigadora avanza que explorarán las características genéticas que parecen implicadas en el aumento de superficie de los pliegues cerebrales. Conocerlas puede contribuir también a la detección temprana.

Para llegar a estas conclusiones, los autores de la investigación examinaron los datos de estudios previos referentes a 106 bebés que tenían hermanos con autismo en paralelo a otros 42 que no. Los datos incluían un seguimiento de estos niños y por esto se sabía que, de los 106 en riesgo, a 15 les diagnosticaron TEA al cumplir dos años.

La información disponible incluía resonancias magnéticas y evaluaciones del comportamiento de los niños a los 6, 12 y 24 meses de edad.

Las imágenes de resonancia magnética sirvieron para que los investigadores pudieran examinar, en primer lugar, la evolución del volumen total del cerebro de los niños en esos tres momentos temporales. Así fue como advirtieron que el volumen se incrementaba más de lo habitual entre el primer y el segundo año en el caso de los 15 niños a quien se acabó diagnosticando autismo.

A su vez, los autores del estudio observaron que, en esos 15 bebés, la superficie de varios de los pliegues de la cubierta del cerebro, relacionados especialmente con el procesamiento de información sensorial (por ejemplo, visual o auditiva), aumentó considerablemente entre los 6 y los 12 meses en comparación con los niños en riesgo que no desarrollaron autismo o con los que no estaban en riesgo (ninguno de los cuales desarrolló TEA).

Por ello decidieron crear un procedimiento para comprobar si las imágenes de resonancia magnética de la superficie de la cubierta cerebral a los 6 y los 12 meses podían ser útiles para predecir el diagnóstico de autismo.

Y concluyeron que sí y con una alta precisión, aunque a su vez advierten que es necesario llevar a cabo más estudios, por un lado, para evitar dar por positivos casos que realmente no lo son y, por el otro, para investigar si otros trastornos del desarrollo neurológico, más allá de los TEA, pueden tener características como las halladas en este estudio.




jueves, 9 de febrero de 2017

Hallada la razón por la que los trastornos del espectro del autismo son más comunes en varones


Los trastornos del espectro del autismo (TEA), caso entre otros del autismo, el síndrome de Asperger o el síndrome de Rett, son un conjunto de trastornos del neurodesarrollo que aparecen en la infancia y se caracterizan, entre otros síntomas y signos, por un déficit en la comunicación, dificultades para la correcta integración social, una dependencia exagerada de las rutinas, y una gran intolerancia ante los cambios o a la frustración. Unos trastornos cuya prevalencia se estima en un caso por cada 100 nacimientos y que son muchísimos más comunes en los varones. De hecho, por cada mujer diagnosticada con un TEA hay cuatro varones. Pero, esta diferencia de género más que notable, ¿a qué obedece? Pues según un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad Johann Wolfgang Goethe en Frankfurt (Alemania), a una ‘simple’ diferencia anatómica cerebral.

Como explica Christine Ecker, directora de esta investigación publicada en la revista «JAMA Psychiatry», «nuestro trabajo demuestra que la diversidad fenotípica en la estructura cerebral asociada al sexo, además del género biológico por sí mismo, afecta a la prevalencia de TEA, asociándose las características neuroanatómicas masculinas con un mayor riesgo intrínseco de TEA que las femeninas».

El objetivo del estudio fue evaluar si la notable diferencia en la prevalencia de TEA entre sexos podría explicarse por las diferencias en la estructura cerebral de hombres y mujeres. Y para ello, los autores contaron con la participación de 98 adultos diestros con edades comprendidas entre los 18 y los 42 años y un diagnóstico de ‘autismo de alto funcionamiento’ –un término ‘informal’, que no clínico, que indica que los afectados tienen una capacidad funcional prácticamente similar a la del resto de la población– y de 98 adultos que, de la misma edad, no padecían el trastorno –el consabido ‘grupo control’.

Los autores sometieron a los participantes a distintas pruebas de imagen para estudiar la anatomía de sus cerebros y realizaron un análisis estadístico para determinar la probabilidad del diagnóstico de TEA. O más concretamente, como refiere Christine Ecker, «en nuestro trabajo basamos nuestro análisis en el espesor de la corteza cerebral, pues puede variar entre las mujeres y los varones y puede encontrarse alterado en las personas afectadas por este grupo de trastornos».

Los resultados demuestran que, comparada frente a la de las mujeres, la anatomía característica del cerebro masculino se asocia con una mayor probabilidad de desarrollar autismo. De hecho, las mujeres que presentaban una estructura cerebral más propia de los varones tuvieron, frente a sus homónimas con una anatomía del cerebro ‘típicamente femenina’, una probabilidad hasta tres veces mayor de padecer un TEA.

Entonces, parece claro: los TEA son más comunes en los varones por una ‘simple’ cuestión anatómica. Sin embargo, resulta evidencia que no todos los hombres –y sí algunas mujeres– acaban desarrollando un TEA. Entonces, ¿cuál es la causa real de su aparición? Pues la verdad es que, como reconocen los autores, no se sabe.

Como concluye Christine Ecker, «nuestro trabajo sugiere que las características del cerebro masculino se asocian con una mayor probabilidad de TEA, pero nuestros hallazgos deben ser confirmados en ostros subgrupos del espectro del autismo. Además, necesitamos más investigaciones para examinar las posibles causas de esta asociación».




viernes, 3 de febrero de 2017

Principales teorías psicológicas sobre el Autismo



Las principales teorías psicológicas sobre el Autismo, son:

      Teoría de la Mente/Mentalización/Cognición/Ceguera Mental.
Explica los déficits en comunicación e interacción social a través de la carencia de capacidad de entender lo que tienen otras personas en la mente. Desarrollada por Simon Baron-Cohen, Alan M. Leslie y Uta Frith en 1985. Se ha encontrado un patrón especifico de activación asociado a la mentalización y esas regiones cerebrales muestran una activación reducida en el autismo (Saxe, 2003).

Teoría de la Coherencia Central.
Explica los deficiencias comunicativas, sociales y simbólicas por la tendencia a procesar la información prestando atención a los detalles sin tener en cuenta el contexto. Desarrollada por Uta Frith en 1989. No se conocen las bases neurobiológicas responsables de esta teoría (Palomo, 2017).

Teoría de la Función Ejecutiva.
Explica los patrones de comportamiento a través de las mayores alteraciones en competencias ejecutivas que en habilidades emocionales y/o mentalistas, ya que las funciones ejecutivas (controlar la acción) son necesarias para desarrollar la teoría de la mente. Desarrollada por Pennington y Ozonoff, en 1996. Las bases neuropsicológicas de las funciones ejecutivas se localizarían en el cortex del lóbulo frontal (Ducan,1986).

Teoría de la Empatía-Sistematización
Explica los déficits en comunicación e interacción social a través del tipo de cerebro que puede ser excesivamente empático o sistémico. Desarrollada por Simon Baron-Cohen en 2009. Se ha encontrado que el cerebro masculino es mayor que el femenino y se ha visto que el de las personas con autismo es aún mayor que el de los varones típicos (Baron-Cohen, 2009).

Para leer más:
Palomo, R (2017, Ene). Autismo: Teorías Explicativa Actuales. Alianza Editorial. ISBN 9788491045816

miércoles, 1 de febrero de 2017

Bebés expuestos a complicaciones más propensos a autismo


Los niños que fueron expuestos a breves complicaciones durante su gestación o al momento de nacer tienen mayor probabilidad de desarrollar autismo, asegura un estudio publicado en American Journal of Perinatology.

La investigación, realizada en niños que nacieron en los hospitales de Kaiser Permanente en el sur de California entre 1991 y 2009, encontró que de los 6.255 bebés que fueron diagnosticados con trastorno del espectro del autismo (TEA), el 37 % había sufrido algún tipo de complicaciones prenatales.

"Nuestro estudio sugiere que los niños expuestos a ciertas complicaciones especialmente la asfixia y la preeclampsia, eran más propensas a ser diagnosticados con TEA", explicó a Efe el autor principal del estudio, el doctor Darios Getahun del Departamento de Investigación y Evaluación del Sur de Kaiser Permanente del Sur de California.

Aunque en la actualidad no hay cura para los diagnósticos del TEA, la identificación temprana de niños que pueden estar en riesgo de desarrollar el padecimiento es extremadamente importante, concluye la investigación.

Los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) estima que 1 de cada 68 niños en edad escolar padece TEA y menos de la mitad de los niños identificados (el 43 %) reciben evaluaciones del desarrollo antes de los 3 años de edad.

Getahun considera que los nuevos hallazgos podrían tener importantes implicaciones clínicas, ayudando a los pediatras a identificar a los niños en riesgo que podrían beneficiarse de una estrecha vigilancia y diagnóstico precoz, en "un momento en que la terapia conductual y de desarrollo es más eficaz".

El estudio también encontró que los niños sanos que están expuestos a complicaciones durante el parto tienen un 10 % mayor riesgo de desarrollar trastorno del espectro del autismo.

"Entre los hispanos y los asiáticos se observaron asociaciones significativas para asfixia de nacimiento", advirtió Getahun

Además de la preeclampsia, una condición del embarazo caracterizada por hipertensión arterial y signos de daño a otro órgano, otras complicaciones prenatales que se asociaron con TEA incluyeron separación prematura de la placenta del útero, feto transversal, tamaño o posición anormal, y problemas con el cordón umbilical.