“La calidad de vida de una persona con autismo depende del conocimiento que la sociedad tenga de esta”. Theo Peeters.

martes, 30 de mayo de 2017

Las dietas y los complementos especiales para el autismo siguen siendo dudosos


Los padres de niños con autismo con frecuencia intentan cambios en las dietas o complementos para aliviar los síntomas del trastorno, pero una nueva revisión concluye que no hay ninguna evidencia sólida de que alguno funcione.

Tras analizar 19 ensayos clínicos, los investigadores encontraron pocas pruebas de que las tácticas dietéticas (desde los alimentos sin gluten hasta los complementos de aceite de pescado) ayudaran a los niños con un trastorno del espectro autista (TEA).

Algunos estudios mostraron efectos positivos y otros no hallaron nada, dijeron los investigadores. En general, los ensayos fueron demasiado pequeños y cortos para sacar conclusiones de una forma u otra.

"Aunque no tenemos evidencias claras que documenten su seguridad y eficacia, muchos (si no la mayoría) de las familias de niños con TEA prueban distintas dietas y complementos nutricionales en algún momento", comentó el investigador principal, Zachary Warren.

Con frecuencia, los padres piensan que como mínimo no pasa nada malo por intentarlo, según Warren, profesor asociado de pediatría, psiquiatría y educación especial en la Universidad de Vanderbilt, en Nashville.

Pero "esa suposición no siempre es segura", advirtió.

"Por ejemplo, algunos complementos nutricionales pueden en realidad ser nocivos en dosis altas", anotó Warren.

Recomendó que los padres hablen con el médico antes de cambiar la dieta de su hijo o añadir complementos.

Otros estuvieron de acuerdo.

"Es muy importante que los padres consulten al pediatra de su hijo si les tienta probar una intervención en la dieta", planteó Geraldine Dawson, directora del Centro de Autismo y Desarrollo Cerebral Duke en Durham, Carolina del Norte.

"Dado que los niños con autismo ya son selectivos con lo que comen, es esencial tomar en cuenta el impacto nutricional de cualquier cambio en la dieta de los niños", enfatizó.

Dawson escribió un editorial que acompañó al estudio, publicado en línea el 25 de mayo en la revista Pediatrics.

Thomas Frazier es director de ciencia de Autism Speaks, una organización sin fines de lucro. También animó a los padres a hablar con el médico de su hijo sobre la nutrición, lo que incluye a los complementos.

Algunos padres podrían mostrarse renuentes a hacerlo, dijo Frazier, porque creen que el médico se resistirá a esos tipos de métodos. "Pero quizá eso solo sea su percepción", anotó. "Creo que es importante tener esas conversaciones".

Todos los demás concurrieron en otra cuestión. Se necesitan estudios más grandes de "alta calidad" para saber si ciertas dietas o complementos benefician al menos a algunos niños.

Dawson apuntó que "para los padres es difícil saber si una intervención específica en realidad es efectiva a menos que se haya estudiado de forma cuidadosa. Los padres se merecen respuestas para saber la mejor forma de gastar su tiempo y su dinero".

Los hallazgos de la nueva revisión se basaron en 19 ensayos clínicos que el equipo de Warren encontró en una búsqueda de la literatura médica. Los estudios eran pequeños, incluían a entre 12 y 92 niños, y por lo general duraron menos de seis meses.

Varios estudios observaron si los ácidos grasos omega 3 planteaban una diferencia en las capacidades lingüísticas, la conducta o las habilidades sociales de los niños.

No hubo evidencias claras de un beneficio, según el equipo de Warren. En un par de ensayos, los niños que recibieron un placebo (una sustancia inactiva) mostraron mayores mejoras que los que tomaron complementos de omega 3.

Según Dawson, se ha encontrado que hasta un 30 por ciento de los niños con trastornos del espectro autista "responden" a los placebos, lo que resalta la importancia de los estudios bien controlados.
Otros ensayos evaluaron complementos, como las enzimas digestivas y la metil B-12, con resultados mixtos. Por ejemplo, un estudio encontró que las enzimas digestivas parecían ayudar a mejorar los síntomas digestivos y los problemas conductuales de los niños, mientras que otro no encontró ningún beneficio.

En cuanto a la dieta, varios estudios examinaron unas dietas sin gluten ni caseína, que se proponen con frecuencia para los niños con autismo. El gluten es una proteína que se encuentra en el trigo, el centeno y la cebada; la caseína es una proteína de la leche.

Una vez más, el equipo de Warren encontró resultados mixtos. Además, los estudios que sí encontraron un beneficio eran los menos rigurosos, dijeron los investigadores.

Estudiar el rol de los cambios en la dieta o los complementos para la gestión de los trastornos del espectro autista es inherentemente difícil, según Warren.

Los trastornos son complejos y varían mucho de una persona a otra. Un niño puede tener unos problemas más leves con las habilidades de comunicación y sociales, mientras que otro podría estar profundamente afectado y hablar poco o nada, y estar enfrascado en conductas repetitivas y obsesivas.

Entonces es posible, dijo Warren, que un método dietético podría beneficiar a ciertos niños y no a otros.

Obtener unas respuestas más claras conllevará ensayos más grandes y "bien pensados", afirmó Warren.

Frazier se mostró de acuerdo. "Sabemos que los TEA no son 'una sola cosa'", comentó. "Necesitamos más información sobre si hay subgrupos de niños que podrían responder más a una intervención dietética dada".

En Estados Unidos, alrededor de uno de cada 68 niños de EE. UU. ha sido diagnosticado con un trastorno del espectro autista, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EE. UU. Los expertos creen que una mezcla de factores hacen que ciertos niños sean vulnerables, entre ellos la genética y ciertas exposiciones ambientales durante el desarrollo temprano del cerebro.